Viernes, 25 2008

07-11-2007 – Es otoño. Seguiremos esperando

 El otoño es una estación en la que el camino hacia la muerte se muestra como una rica paleta de todo tipo de colores. Es la madurez que convierte la pasión vital del verano en diversidad y belleza matizada. La uva hinchada de zumo revienta bajo el peso de la vida para dar el mosto que, reposado y fermentado en las barricas, se ofrece como vino gustoso. Con razón la liturgia de la Iglesia celebra en esta época a todos los santos y a todos los fieles difuntos. Las bienaventuranzas del seguimiento han sacado de aquellos hombres y de aquellas mujeres el mejor vino del reino. La pasión vital de Dios se muestra en todos los gustos y colores del reino. El otoño huele a vino maduro.
Pero, el otoño suena también a hojarasca muerta bajo los pasos cansados de los humanos. Y estamos en otoño. Evidentemente. ¡Son tantos los signos del otoño que nos hace sufrir!
Es otoño en la Iglesia. Se acaba de producir una celebración de beatificaciones. Podía haber sido un día grande, porque entre los nuevos beatos había varios de Euskal Herria. Pero no fue un día grande. Fue un día otoñal, porque dicha celebración significó demasiadas cosas que despiertan sospechas. Por mucho que se nos haya querido hacer entender que se trataba de un acto de reconciliación, no lo hemos entendido así. Tenía el acto un deje político evidente que, sinceramente, nos ha dejado perplejos. Una beatificación con mucho olvido y con demasiado sabor a «victoria». También bastantes «derrotados» fueron martirizados. Pero, es otoño.
Es otoño en nuestra sociedad. El lehendakari llamado al banquillo de los acusados por hablar, por intentar entenderse. Muchos encarcelados. Muchos que viven con terror las amenazas que penden sobre sus cabezas. Mucha violencia. Mucho interés electoralista. Mucha palabrería y mentira. Mucha manipulación. Y ¿dónde queda toda aquella ilusión que no hace mucho vivía este pueblo, aquella ilusión de paz? Pero, ¡claro!, es otoño!
No es extraño que la gente desespere. Es esa sensación de tristeza y decaimiento otoñal, que no nos deja respirar a fondo. Es esa especie de depresión que nos enferma el corazón. Pero, no vamos a desesperar, no podemos perder la esperanza. Todas las hojas amarillentas y mortecinas que caen a tierra y se deshacen bajo los pies cansados de los caminantes, son promesa de nueva primavera. Nos espera un invierno duro, pero seguiremos esperando, porque creemos que la muerte no tiene la última palabra. Seguiremos sembrando semillas de luz y de coraje. Es otoño. Pero, seguiremos esperando.

Iñaki Beristain
Revista «Arantzazu»

 

Es otoño. Seguiremos esperando
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