05-02-2008 –
Estamos en otra sociedad
Gizarte hau ez da lehengoa. Horregatik, askok ezin dituzte ulertu Madrilen kristau-familien topaketan gertatu eta esandakoak. Horiek joana den gizarte bateko moldeak dira. Gaurko gizartea bestelakoa da, erabat bestelakoa. Ez du esan nahi horrek lehengoa baino okerragoa denik ebanjelizazioa burutzeko. Hori bai, beste era batera ebanjelizatu behar. Hazia ereinez, samariar onaren jarrera gizarteko bideetara eramanez, legamiaren antzera orea barrutik harrotuaraziz. Bestela, gure indarrik onenak alfer-alferrik xautuko ditugu, aurrez galduta dauzkagun guda ilunean. Elizak eta kristauak beren tokia aurkitu behar dute bestelako gizarte honetan.
Ha levantado gran polvareda la concentración de las familias cristianas en Madrid y, sobre todo, lo que allí se dijo. No quiero entrar en la valoración que me nace por dentro ante esta concentración y ante determinadas afirmaciones que allí se escucharon. Pero, sí que me resulta interesante reflexionar sobre las bases en las que se asienta el modo de estar de los cristianos en esta sociedad.
Algunos todavía no se han enterado de que estamos en otra sociedad. Algunos no han aceptado todavía que ha cambiado el modelo social y que, por tanto, el lugar de la Iglesia en esa sociedad no es el que era. Y desde esa perspectiva, plantean su presencia como un mantener las trincheras y su posición, sin dar un paso atrás. Algunos siguen en batallas de reconquista sin futuro.
Pero estamos en otra sociedad. Una sociedad que se siente capaz de formular su propio futuro. Una sociedad que no quiere que nadie le imponga sus reglas y leyes. Equivocada o no, esta sociedad quiere vivir una autonomía real, sin tutelas de ningún tipo. Y ello ha traído consigo una secularización profunda. Esa es la sociedad, nuestra sociedad, donde hoy nos toca vivir.
Estamos en otra sociedad. Pero no estamos, como cristianos y como Iglesia, necesariamente pero que antes. La Iglesia tiene hoy una gran oportunidad de evangelizar de forma nueva. No se trata de recuperar glorias perdidas, no se trata de convertir nuestra acción social en catequesis permanente, no se trata de imponer ideologías pretendidamente cristianas.
El Evangelio ha sabido ser luz en épocas bien diversas de la historia humana. Hoy, en esta otra sociedad, nos toca volver al papel del sembrador que va sembrando el Evangelio; nos toca volver al papel del buen samaritano que va mirando los caminos de los humanos; nos toca volver al papel de la levadura que desde dentro va fermentando la masa.
Estamos en otra sociedad, y no hemos de estar en ella enfrentados a todo y a todos. Se trata de sembrar sin desaliento y esperar que Dios haga crecer su Reino.
Iñaki Beristain
Revista Arantzazu

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