07-12-2007 –
Feliz Navidad, otra Navidad
Ya llega, un año más, la Navidad. Cuando aun estamos introduciéndonos en el recogido y esperanzador Adviento, las calles y el comercio nos arrojan a la cara la navidad sin compasión. Es una navidad pequeña, comercial, aparente, sin nada más que dar. Y, aunque nos empeñamos en ello, es inútil desear la felicidad en el ambiente mentiroso de esa navidad sin corazón ni entrañas. No hace más que burlarse de quienes no pueden consumir ni pueden participar en esta orgía sin dignidad. En esta «tienda sin compasión» no hay sitio para que nazca el que nació en una gruta. Hoy, para nacer, volvería a irse al corazón de los pobres.
Pero, así está la cosa. Es lo que hay. Cada uno ha de hacer sus opciones, según lo que quiera celebrar. Existe otra Navidad. Otra Navidad con sentido, con corazón, con una experiencia importante que la sustenta. Existe la posibilidad de acercarse al hogar discreto y pobre de Nazaret, y vivir con María la espera gozosa del don. Caminar con ella hacia Belén, hacia el espacio donde Dios se nos da. Y vivir con ella la experiencia de que Dios te sale al camino y se posa en tu pobreza. Es el «Dios con nosotros» de la otra Navidad.
En ese encuentro con el Dios entregado es donde se humaniza nuestra navidad. No se trata de eliminar la fiesta y el resplandor de la celebración. Se trata de poner un poco de corazón en nuestra navidad. No se puede celebrar el nacimiento cuando estamos provocando la muerte. No se puede cantar el amor cuando estamos generando injusticia. El Dios de la Navidad no permite una navidad así. Tenemos que humanizar la celebración de la navidad.
Cuando un pobre toca la puerta de nuestro bienestar, no puede suceder que «no haya hospedaje para él». Cuando un triste llama a la puerta de nuestra fiesta, no puede ser que «no haya gozo a repartir con él». Cuando una persona sola llama a la puerta de nuestra familia, no puede ser que nuestra navidad no tenga «un poco de compañía que regalar». Cuando una persona que vive sin libertad y con mucho miedo llama a nuestro refugio navideño, no puede ser que no haya «un espacio reservado para él en nuestra navidad».
Existe otra Navidad, la que se escribe con mayúscula. Esa Navidad que redime nuestras navidades. Existe la visita de Dios que humaniza nuestras calles y nuestras casas. Existe un Dios «repartido» que nos hace repartir nuestra fiesta. Existe un Dios feliz en su donación, que hace que nuestra navidad pueda ser feliz. Si nos empeñamos en otras cosas, es nuestro problema, pero Dios te quiere feliz en Navidad. Y nosotros también. ¡Feliz Navidad, amigo/a!
Iñaki Bewristain
Revista «Arantzazu»

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