03-07-2007 –
No hay derecho, no hay derechos
Con la declaración del final del alto el fuego, todo se ha derrumbado como un castillo de naipes. Ya antes todo olía mal desde el atentado de Barajas. Seguíamos esperando, más con un voluntarismo empeñado que con datos firmes, que todo se recondujera. Pero no ha sido así y se han cumplido los peores augurios. Y ahora volvemos a este carrusel infernal del miedo, de la amenaza, de los desafíos, de las declaraciones altisonantes, del reparto de las culpas, de violencia más o menos encubierta, de violencia más o menos física, de venganzas... todo ello desde la decisión totalitaria de ETA que amordaza la lucha noble y sincera de muchas personas a favor de los derechos de este pueblo.
Y ¡no hay derecho! ETA podrá inventar todas las excusas que quiera para justificar su decisión, pero aquí hay todo un pueblo que decidió hace mucho utilizar otros caminos para llevar adelante sus pretensiones políticas y que no quiere ni necesita que ningún tipo de violencia le ampare. No hay derecho a que ETA se arrogue la representación de la voluntad popular que nunca se le ha dado.
ETA debería darse cuenta de que está cerrando a este pueblo todos los caminos para desarrollar los derechos que como pueblo le puedan corresponder. ETA debería darse cuenta de que se queda sin argumentos para convencernos de que defiende derechos cuando no respeta los derechos más básicos de las personas y de los grupos. No hay derecho a que todo un pueblo tenga que estar sufriendo una espera macabra en la angustia de quién será y cuándo se producirá la próxima víctima.
Por otra parte, resulta bastante decepcionante que todo o casi todo el hacer político de este país gire en torno a ETA. Resulta decepcionante que una organización violenta pueda centrar más la acción política del Estado que todo un pueblo pacífico y sufrido. Me cuesta mucho no pensar, al menos como hipótesis, que hay gente para la que la amenaza y la extorsión de ETA son una buena coartada para no asumir sus responsabilidades. Ese «ya lo decíamos nosotros» que justifica inmovilismos, cerrazones e intereses pretendidamente ocultos pero excesivamente visibles. Y ¡no hay derecho!
Uno cree que la gente de este pueblo se merece un respeto de ETA y de los gestores de la política actual. Merece que nadie le niegue los derechos más fundamentales. Merece que se respeten las bases éticas que nacen de la dignidad de la persona. Merece que se tomen en serio sus opciones pacíficas y sus pretensiones políticas y sociales democráticamente expresadas. En caso contrario, tendremos que repetir que ¡no hay derecho!, ¡que no hay derechos!
Iñaki Beristain

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