cripta

“La cripta hablará plásticamente del problema del mal
y del pecado, de la redención, de la penitencia, de la expiación
y del martirio que conducen a la Gloria”
.
Néstor Basterretxea

El proyecto que Basterretxea ideó para la cripta en los años 50 no tiene ninguna relación con el que plasmó a mediados de los 80. El texto que junto a Jorge Oteiza y Carlos Pascual de Lara escribió como “Explicación preliminar a los informes de escultura y pintura para la Nueva Basílica de Arantzazu” deja patente que los temas que debía representar eran el pecado, la expiación, el perdón y la gloria: “Éstas son más ideas que hechos por lo que debo recurrir a la fuerza expresiva del símbolo. El simbolismo debe, sin embargo, ser claramente comprensible. Pretendo que los murales sean como los propios ejercicios espirituales: una potente llamada a la conciencia”.

De haberse realizado este proyecto la cripta hubiera tenido un profundo sentido teológico. Según el artista, recorriendo sus muros el fiel hubiera visto la realidad de pecado que existe en él. Pero lejos de angustiarse por esto, un sentimiento de paz y de alegría le habría llenado el corazón ante el hecho de que Dios no quiere que el ser humano esté alejado de él. Para lo que envió a su Hijo, que siendo inocente, murió para que toda la humanidad se reconciliara con su Padre.

En el archivo de Arantzazu se conservan cuatro bocetos que reflejan la gran fuerza expresiva que tenían los once muros que estaban ya pintados cuando alguien los borró con pintura. En estos bocetos pueden verse la figura de un hombre que se tapa la cara para no ver la existencia de Dios, a algunos franciscanos que con espíritu misionero se lanzan, con la cruz como única arma, a extender el mensaje de amor y perdón a todas las personas y una paloma blanca como símbolo de la paz y del Espíritu Santo.

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