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Centro Francisco de Asís

Desde el domingo 15 de marzo, las puertas de la basílica permanecen cerradas a cal y canto, suprimiendo la celebración de la eucaristía de cara al público; así mismo están cerradas las puertas del “Asis topagunea”, del “Centro de reuniones Gandiaga”, del Hotel Hospedería… Y de hecho, en Arantzazu “no se ve ni alma”, como se dice.

Por supuesto se han aplazado hasta nueva orden todos los compromisos que había en nuestra casa de espiritualidad Asis topagunea” (encuentros, cursillos, retiros…); igualmente el Centro de reuniones “Gandiaga Topagunea” ha cerrado sus puertas y ha aplazado (a veces, anulado) los compromisos que había adquirido con grupos, empresas y personas… Y lo mismo se diga del “Hotel Hospedería” que permanece cerrado todos estos días.

 

Para este mes de marzo estaba programado el encuentro-homenaje que Euskaltzaindia juntamente con los “Amigos de Arantzazu” había pensado para honrar la memoria de a Fr. Luis Villasante, en el centenario de su nacimiento y se ha aplazado; se han suprimido varios encuentros que “Elkarrekin bila” había programado…

Dicho esto como cronista del Santuario, permítasenos expresar una reflexión que esta situación está provocando. Que Arantzazu esté cerrado a cal y canto por unos días o por unos meses, no es normal ni deseable, pero tampoco es grave. Lo grave es la situación de los miles de personas afectadas por el coronavirus y la de sus familiares; grave es la cantidad de personas que se están muriendo a causa de esta enfermedad; grave es la angustia, dolor, soledad e incertidumbre que esta situación está provocando en las familias que, debido a las restricciones, no pueden atender debidamente a sus seres queridos, internados en residencias o en el hospital; grave es la situación de muchos ancianos y ancianas que están solas en sus casas y no tienen ayudas y recursos para hacer frente a esta situación; grave es la situación de miles de trabajadores que, despedidos de las empresas, van a quedar en el paro; grave es la situación de muchas familias que no podrán llegar a fin de mes por falta de recursos; grave es la situación de los empresarios que, aun queriendo, no pueden cumplir con sus compromisos… 

Todo esto sí es grave. Muy grave y desde Arantzazu solo queda solidarizarse con estas situaciones y orar a la Amatxo, a la que es “salus infirmorum”, salud de los enfermos, que cuide y vele por todos sus hijos. “Arantzazuko Ama, erregutu gure alde!

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