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Tras dos años de interrupción, este verano ha vuelto la misa dominical a la ermita de Urbia. En la ermita, construida por el Padre Lasa y custodiada por sus amigos hasta hoy, los domingos y festivos, a las 11:30, se celebrará la eucaristía en julio y agosto, con vocación de ser celebración compartida. 

La pandemia ha acentuado tendencias que venían de antes. Las ha realzado y las pequeñas grietas, en ocasiones, se han convertido en precipicios.

Ha pasado con cosas muy diferentes, entre ellas, la misa de los domingos.

Las iglesias cerraron durante el confinamiento; se prohibieron los oficios religiosos y las eucaristías pasaron a las pantallas. Y mucha gente se dio cuenta de que una vez a la semana se podía vivir sin ir a oír misa, aunque desde siempre, y todavía, en teoría, uno de los grandes ejes de la vida cristiana ha sido compartir la fe propia con los demás, en comunidad. Conectar la palabra y la vida, tantas cosas incomprensibles que significa la fe, intentar aceptarlas en el amparo ajeno. ¿Por qué algo tan básico se ha convertido en una costumbre aburrida, por qué nadie menor de 50 años que vive en el mundo actual entiende una palabra de lo que se dice en una misa? Eso es otra cosa.

La tendencia al desalojo de las parroquias se ha acentuado por la pandemia y por la disminución de los oficios religiosos. Cada vez hay menos curas, cada vez menos misas los fines de semana y oficios religiosos, cada vez más gente madura y escasa. Esa es la tendencia, pero ya se sabe, que las cosas interesantes y las nuevas ocurren fuera de las corrientes dominantes. En Urbia, por ejemplo.

Tras dos años de interrupción, este verano ha vuelto la misa dominical a la ermita de Urbia. En la ermita, construida por el Padre Lasa y custodiada por sus amigos hasta hoy, los domingos y festivos, a las 11:30, se celebrará la eucaristía en julio y agosto, con vocación de celebración compartida. Un fraile sacerdote de Arantzazu da la palabra a todos los allí reunidos y guía la eucaristía en términos llanos, de manera que todos y cualquiera la entienda. Tal vez por eso, el 17 de julio, la ermita de Urbia se llenó de gente, a pesar de ser un domingo de intenso calor. Quizás también tuvo que ver la celebración de una misa en memoria de Rafael Azkarate, pero los pastores, montañeros, familias, niños y jóvenes de Urbia, todos cabemos y para muchos, fue la mejor sorpresa en mucho tiempo. Aire fresco, en un ambiente asfixiante. A la salida, se nos dio a la mano el evangelio del domingo siguiente, para que cada uno lo pudiera leer durante la semana y tenga algo que decir el domingo siguiente, en comunidad.

La innovación se produce generalmente en la periferia. En pequeñas ermitas fuera de los núcleos urbanos, por ejemplo.

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